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Mitos y realidades de las bebidas energéticas

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Aunque su consumo sigue en aumento, las bebidas energéticas generan opiniones divididas. Para algunos, son iguales que las rehidratantes e incluso resultan mejor que beber agua. Hay quienes las consideran complemento indispensable para aumentar su rendimiento cotidiano.

Para otros, sin embargo, representan una fuente innecesaria de calorías extras y pueden tener efectos secundarios con complicaciones para la salud. ¿Qué hay de verdad en todo esto?

Las bebidas rehidratantes y las bebidas energéticas no son lo mismo

Las bebidas rehidratantes ayudan a recuperar rápidamente los líquidos que el cuerpo pierde al sudar, reponiendo los electrolitos, aportando carbohidratos y, a veces en menores cantidades, vitaminas.

Por otro lado, la principal característica de las bebidas energéticas es que contienen distintas sustancias, entre ellas cafeína, taurina o guaraná, y algunas vitaminas del grupo B que estimulan y activan el sistema nervioso y el metabolismo, proporcionando así un impulso adicional de energía al cuerpo.

Además de las vitaminas, quizá el otro denominador en común es que ambas bebidas tienen, en mayor o menor proporción, azúcares o endulzantes añadidos; pero en ningún caso, el consumo de cualquiera de las dos resulta más benéfico que el beber por lo menos dos litros al día de agua natural.

¿Las bebidas energéticas aumentan mi rendimiento?

Ingeridas en pequeñas dosis (250 ml al día y solo cuando en realidad lo necesites) sí pueden ayudar a mejorar tu rendimiento físico y mental, con un efecto bastante similar al que te provocaría tomar un par de tazas de café por la mañana.

¿Engordan?

En el tema de las calorías extras, efectivamente te aportarán unas cuantas que quizá no quieras acumular en tu conteo diario: entre 108 y 110 calorías por porción de 250 ml.

¿Son dañinas?

Consumidas en exceso, las bebidas energéticas sí podrían afectar tu salud. No solo se convertirían en un hábito adictivo, también incrementarías las probabilidades de sufrir algún tipo de trastorno metabólico, cardíaco o nervioso como consecuencia de la sobredosis de cafeína, lo que mínimo te provocaría insomnio, ansiedad, nerviosismo, palpitaciones o aumento del ritmo cardíaco.

El peor de los escenarios es combinar una bebida energética con alcohol, pues el resultado puede ser fatal. Así que ya lo sabes, todo con moderación.

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