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Champagne, ¿vino espumoso disfrazado o algo más?

La primera bebida en la que pensamos automáticamente cuando queremos celebrar algo es el champagne o la champaña. Muchos tenemos recuerdos de graduaciones, bodas, nacimientos y otros grandes eventos memorables de nuestras vidas en donde brindamos con esta bebida especial. Es una de las bebidas con mayor prestigio y precio, por ende muchos compran vino espumoso pensando que es lo mismo a menor costo pero la realidad es que no es así.

La distinción más importante es que la champaña se produce, se cosecha y se elabora en la región de Champagne en Francia, en donde el clima y el tipo de suelo lo hace exclusivamente adecuado para su producción. Es una región relativamente pequeña, y claramente, hacer champaña es un proceso extremadamente laborioso. Estamos hablando de años y años de cultivo, incluso más años de fermentación y envejecimiento … hasta 30 años en algunos casos y todo se hace botella por botella y no en una línea de producción. Es por esto que, mientras que la champaña es un vino espumoso, no todo vino espumoso es champaña. Esencialmente, estamos viendo a una de las más altas designaciones de vino en todo el mundo. Champagne es una palabra que se ha convertido en sinónimo de tradición y calidad. En realidad, podría ser la variedad de vino más conocida de la historia.

Otra característica que los diferencía es que el champagne requiere de tres tipos de uva para su elaboración: Pinot Noir y Pinot Meunier las cuales son uvas tinta y la Chardonnay, uva blanca. Mientras que el vino espumoso se puede producir de otros tipos de uva. Los vinos espumosos – incluyendo el champagne – requieren de una cantidad de dióxido de carbono (CO2) al terminar su proceso para generar las burbujas que los caracterizan. Hay dos métodos de gasificación: el natural y el procesado. En el natural, el cual usa el champagne, se le agrega un porcentaje de azúcar y al finalizar su producción se deja envejecer por lo menos 15 meses. Mientras que el vino espumoso utiliza otros métodos como CO2 inyectado directamente al vino ya que es un proceso de menor costo. Te recomiendo que, si deseas una “experiencia Champagne” con un presupuesto de Prosecco (vino espumoso), revisa la etiqueta: si el vino se hizo en el método tradicional -o Méthode Champenoise– estás obteniendo casi lo mismo.

Una característica que ambos comparten es que combinan perfectamente con diversos platillos. El champagne va muy bien con diferentes tipos de quesos, con pescados y con ensaladas. Yo personalmente lo disfruto con sushi, especialmente sashimi. Similarmente, el vino espumoso acompaña a platillos como mariscos, frutas secas, aperitivos, canapés y sorbets dependiendo de si es un vino seco o uno dulce. La gran conclusión es que Champagne definitivamente se ha ganado su reputación: cada botella de champagne ha seguido pautas rigurosas y que llevan mucho tiempo para terminar con esa designación, sin embargo, definitivamente hay muchos vinos espumosos que valen la pena.

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