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Vinos de hielo, ¿qué es lo que los hace únicos?

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A finales del siglo XVIII, el invierno se adelantó a la temporada de vendimia y una helada prematura cayó sobre los viñedos del norte de Baviera. Superado el desconcierto inicial, los viticultores decidieron aprovechar las uvas congeladas y con ellas elaboraron un vino que resultó dulce, aromático y con gran cuerpo. Así nació el eiswein o vino de hielo. Su fama se extendió rápidamente a Francia, donde se le bautizó como vin de glace, y de ahí al resto del mundo. En la actualidad, Alemania, Austria y Canadá (sobre todo la zona del Niágara) encabezan la lista de países productores.

Como todo buen vino, el también llamado icewine tiene un proceso de producción especial. Por eso, de acuerdo con la normativa, solo se puede denominar vino de hielo natural a aquel que cumpla ciertas condiciones, entre ellas, que las uvas estén libres de toda enfermedad, no sean congeladas por métodos artificiales y procedan de la misma región; la vendimia debe realizarse de forma manual en la madrugada y efectuar el prensado de las uvas antes de que descongelen, pues así se obtiene un mosto de calidad con alta concentración de azúcar (precisamente el secreto del eiswein) y someterse a una lenta fermentación en cubas de madera.

Su producción y maridaje

A diferencia de otros vinos que utilizan uvas específicas, en el de hielo se emplean distintas variedades. Las cepas más comunes son las blancas Riesling y Gewürztraminer, aunque no es raro encontrar Chardonnay, Chenin Blanc, Sémillon o Vidal (la más usada en Canadá), e incluso tintas como Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Tempranillo o Merlot.

Si bien cada variedad aporta un estilo único al vin de glace, en general este se distingue por su complejidad con buen equilibrio entre acidez, frescor y dulzura, sin llegar a ser empalagoso. Servido entre 10 y 12°C puede tomarse solo a manera de aperitivo o como acompañante de salmón ahumado, quesos fuertes, patés, foie gras, platos ligeramente picantes y postres con frutas o chocolate amargo.

Dadas las peculiares características climáticas que deben coincidir para lograr el congelamiento natural de las uvas, es lógico suponer que los vinos de hielo se produzcan en cantidades muy limitadas (no todos los años) y, por tanto, sean sumamente cotizados y apreciados. Así que si tienes oportunidad, no dejes de probarlos.

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